La insuficiencia renal crónica (IRC) es una enfermedad muy común en los animales de edad avanzada. En diferentes estudios se ha demostrado, por ejemplo, el 10% de los gatos de 7 años la padecen, y por encima de los 10 años, el 30%.

Pero de qué se trata esta enfermedad? 

El término insuficiencia renal hace referencia a un mal funcionamiento de los riñones. Puede tratarse de la forma aguda, que se da en horas o pocos días y suele venir dado por enfermedades que reducen el aporte de oxígeno a los riñones o bien por tóxicos como determinantes pesticidas o medicamentos. Por el contrario, la forma crónica es aquella que se produce en un período de meses o años y gran parte de las estructuras funcionales del riñón, llamadas glomérulos están dañadas. Suele ser progresivo (empeora con el tiempo) e irreversible. Puede tratarse de una progresión de la forma aguda, pero en la mayoría de nuestros animales más grandes es el resultado de una disminución de la función renal asociada a la edad.

Cuando los riñones fallan no pueden eliminar correctamente productos de desecho como la urea, que se trata de un derivado del amoníaco que produce, entre otros efectos, irritación del tracto digestivo, que se suele acompañar de úlceras desde la boca hasta el intestino, pasando por el estómago. Además, no ayudan a conservar eficazmente el agua corporal, no estimulan la producción de los glóbulos rojos sanguíneos y no pueden regular correctamente la presión sanguínea, entre otras funciones. Por este motivo, cuando la enfermedad es avanzada, podemos ver signos como vómitos con o sin diarrea, pérdida del apetito, incremento de la sed y de la cantidad de orina, deshidratación, apatía, úlceras en la boca entre otros.

Una vez veis estos signos y llevar el animal a nuestro centro, la enfermedad suele estar en un grado avanzado, es decir, gran parte del riñón (normalmente más del 75%) está dañado. En este momento, suelen tener indicadores renales sanguíneos (creatinina y urea) elevados y mediante una analítica de sangre se pueden determinar.

Ahora bien, para que el tratamiento sea lo más efectivo y podamos reducir la velocidad de progresión de la enfermedad eficazmente, hay que diagnosticarla en las primeras fases, cuando aún no tenemos ninguna sintomatología y la afectación renal es menor.

¿Qué sucede en las fases iniciales que permita diagnosticar la IRC?

En estas primeras fases, la única función renal que se ve alterada es la capacidad de concentrar la orina. Por otro lado, como parte de los glomérulos fallan, los que quedan tienen que trabajar más fuerte para poder filtrar más sangre. Esto se consigue incrementando la presión glomerular mediante una serie de mecanismos internos. Esta presión que aparentemente parece útil para el buen funcionamiento, va dañando los glomérulos sanos, haciendo que filtren proteínas, cuando de forma habitual no deberían cruzar. Esta proteína será detectable en orina, con lo que se conoce como proteinuria.